Relato en primera persona

Me llamo Marina, tengo treinta y cinco años, desde que nací tengo espina bífida e hidrocefalia. Esto hace que mi deambulación sea en silla de ruedas eléctrica, debido a esta malformación también tengo problemas de incontinencia. 

Además desde hace más o menos dieciséis padezco problemas de Salud Mental.

La primera vez que yo le dije a mi psiquiatra que habia tenido pensamientos de suicidio me tomo por loca. Como si yo le estuviera contando un chiste o me estuviese quedando con él. Tuvo que pasar mucho tiempo, quizás demasiado para que una psicóloga me tomase en cuenta y por fin lo pusiese en un informe, pero desgraciadamente esa profesional no era de la Seguridad Social, pero por fin estaba escrito por alguien que me conocía demasiado bien, ahora solo faltaba que un médico de la Seguridad Social, me creyera, pero no solo sobre eso, también alguien que tomara en serio mis trastornos de la alimentación, que les diese nombre por fin, algo que hasta el momento nadie ha sido capaz de hacerlo, nada más que una persona, y no estoy muy segura de quien fue.

En ajustarme la medicación tardaron años, porque mi primer psiquiatra me tenía con una dosis de bajísima, por lo que a la mínima me pegaba un atracón de comida o me iba de compras a lo grande.

Decidí cambiarme de médico y parece que por fin este me tomó un poco en serio cuando le conté todo lo que sentía. Algunas decisiones que tomo no me gustaron mucho, pero ahora después de un tiempo se que fueron por mi bien.

Como mi vida nunca ha sido fácil, de repente me salieron piedras en los riñones, en un uréter y en la vejiga y más tarde me salieron escaras, así que tuve que priorizar que curarme primero.

Mi prioridad siempre fueron las piedras, ya que eran lo que más lata me daban, y mientras que yo trataba de cambiarme de un urólogo a otro, osea estaba sin medico aqui en madrid, solo en Parapléjicos, de repente vino una pandemia, que nos dejó a todos en casa y a mi sin poder ir a Toledo durante mucho tiempo. Pero no solo eso, si no que la presidenta de la comunidad cerró las listas para acceder a especialistas nuevos, por lo que ni podía ir a urología ni a digestivo, para poder saber el motivo de mis problemas de estómago.

No recuerdo lo que duró eso, pero cuando por fin se soluciono y pude ir a los médicos, me diagnosticaron intolerancia a la lactosa y al gluten, por lo que al poner remedio a esto se soluciono todo.

Lo que más estaba tardando en normalizarse es el tema de las piedras, ya que siempre estaban dando guerra y dándome cólicos cada vez peores.

De hecho en marzo del dos mil veintiuno  se me volvió a quedar una piedra en un uréter y me volvieron a poner una nefrostomía en el riñón izquierdo, que aun a día de hoy sigo con ella. En todo este tiempo que he dejado de lado mi Salud Mental médicamente, la verdad es que ha sido muy duro, quizás demasiado, porque he perdido los nervios en demasiadas ocasiones, haciendo daño a la gente que más quiero. Cuando me iba a pasar de frenada o ya me había pasado y me sentía culpable siempre tenía a mi gran amiga Cuca para bajarme los decibelios.

Ella es la única que siempre consigue razonar conmigo y hacerme ver que las cosas no son blancas o negras, sino también grises.

Tuve que ir un par de veces a urgencias porque el dolor de las escaras ya era insoportable y mezclado con el de las infecciones, psicológicamente estaba que no podia mas y una de ellas me negaron hablar con un psiquiatra como iba mas o menos tranquila porque me había tomado un lorazepam para no liarla pues me dijeron que estaba bien. Así que a la siguiente que me mandaron a urgencias sin haber ido yo, porque fui mandada por un medíco, me dio un ataque de desesperación y ahí sí fue cuando vi a un psiquiatra y también me explico como hacer para empezar a ir de nuevo a revisiones.

Al final los dolores de las escaras por la insistencia de mi madre me acabaron venciendo y terminé yendo a parapléjicos, y nada más verme el cirujano plástico me dijo que a operar. Casi me muero. Mi vida se había acabado. Tenía que dejar todo y meterme en la cama por tiempo indefinido. 

La poca vida social que tenía a la mierda se iba. Me dijeron que en cuanto diesen el alta a una chica me ingresaban, pero que tenía que pasar las navidades allí, lo tuve que rechazar porque supuestamente me iban a operar antes de navidad para quitarme las piedras, así que llevo en la cama desde el veinte de noviembre y no me llaman ni de lo uno ni de lo otro.

Por suerte está siendo más fácil de lo que yo pensaba. La gente casi no viene a verme, unos porque les da miedo contagiarme del virus y otros porque simplemente no les da la gana. En cuanto a llamarme o escribirme, pues igual, se acuerdan de mi contadas personas, y es en estas ocasiones cuando te das cuenta con quien puedes contar realmente. Y creedme que no te sueles confundir mucho, porque siempre suelen ser los mismos. 

Mis días suelen ser siempre igual, levantarme dos horas por la mañana a mi silla de ruedas, dos horas a mediodía y dos por la noche, excepto los sábados, domingos y festivos que solo me levanto a mediodía y por la noche.

El resto del tiempo lo paso en mi cama, por la mañana de lado mirando a la pared y por la tarde depende o mirando para la estantería u otra vez a la pared. Según si quiero hacer algo o no.

Suelo estar escuchando música, escribiendo para el blog o algún concurso o con el whatsapp.

No me suele apetecer salir a la calle, así que solo salgo para los médicos. Y asi hasta que decidan llamarme para operarme que por fin poco a poco podre volver a sentarme y a plantearme mi nueva vida.

(Relato realizado para el curso escribir la enfermedad)

Un cambio de vida radical

Soy Marina. Siempre he escuchado hablar de las escaras y hace año y seis meses me empezaron a salir, al principio eran controlables, pero luego ya no. En marzo de dos mil veinte apareció el Covid19, un bicho muy contagioso. 

Tenía cada vez más dolores, así que decidí ir al medico para que me las viesen, mis piedras volvieron en marzo de dos mil veintiuno y tuve que ingresar.

El ingreso era urológico pero también preocupaban mis escaras, así que llamaron a la enfermera que se encargaba de ello. Solicitó el traslado al ambulatorio de mi barrio, pues aún seguía donde vivía antes y  empezó a venir una enfermera a mi casa. Celia es un encanto, hace todo lo que puede para que mejore.

Me ha insistido en que fuera a Parapléjicos para ver a un cirujano plástico y me ha recomendado otras clínicas para consulta, pero me ha dado miedo ir por el Covid. No tenía ganas ni de salir a la calle, pisar un desperfecto con la silla me daba pavor. 

Un día Celia me dijo:

—Marina, me caben dos dedos  de profundidad en tu herida, cada vez está peor. Tienes que ir al cirujano plástico porque yo poco más puedo hacer. Necesita algo más que unos parches. Sé que te da miedo porque sabes que te van a decir lo que no quieres oír, pero mientras estés cargando peso sobre las heridas no podemos hacer nada.

Empecé a llorar, y entre sollozos dije:

—No quiero tumbarme, si me tumbais será mi fin. Prefiero aguantar a tener que llegar a eso.

Ya sabía que ese final no estaba lejos, pero dentro de mis pocas posibilidades trataba de hacer todo lo que nunca había hecho, rodearme de la gente que más quería y vivir la vida al máximo, aunque eso implicara que había que gastar un poco de dinero para llegar hasta allí porque solo se vive una vez y hay que aprovecharlo.

Al final ni siquiera salía a la calle, los dolores eran muy fuertes y mi economía se empezó a resentir. Caí en una depresión más grande de lo que ya tenía y varias veces tuve que ir a urgencias por los dolores de las escaras y solicité hablar con un psiquiatra, cosa que  me negaron.

En septiembre exploté. Me armé de valor, llamé al Hospital de Parapléjicos y pedí cita con el cirujano plástico. La cita llegó para noviembre. Tenía que esperar dos largos meses, pero los viví intensamente aunque con mucho dolor, que contrarrestaba con la droga más fuerte que podía. 

El día llegó a mi pesar y tuve que escuchar lo que ya sabía: me iba a la cama. También me dijo el médico que me tenían que operar, pero estaba pendiente de otra cirugía prevista para antes de Navidad, así que esta quedó pospuesta para enero. Llegó Navidad, pero no la operación prevista. Por culpa de la pandemia los quirófanos no funcionan al cien por cien y los enfermos crónicos estamos en un segundo plano por la urgencia del covid.

En la revisión anual de Parapléjicos hablé con el cirujano plástico y me dijo que la operación sería como muy pronto en verano, si no dentro de un año. El motivo es que hay más camas de hombres que de mujeres. Me pareció una respuesta machista, pero no supe qué contestar.  

Estar en la cama está siendo mejor de lo que pensaba. He asumido que no va a venir casi nadie a verme por el Covid, también he comprobado que no existo para mi abuela y mis tías. Ni siquiera son capaces de coger el teléfono para  ver cómo estoy. Quizá aparezcan cuando ingrese en Toledo, pero con un poco de suerte las heridas se cerrarán solas antes de que me llamen. Ellas se ahorrarán el viaje y yo me libraré de gente que no merece la pena.

Me han comprado una tablet. Tardo en escribir con ella, pero  intento no dejar de hacerlo porque sé que es lo único que me mantiene viva por dentro y por fuera. Esto no va a acabar conmigo porque como dice Pablo López aún me queda por pasar la mejor noche de mi vida.

(Relato realizado en el curso escribir la enfermedad)

Dia Nacional contra la Homofobia en el Deporte

Hoy día 19 de febrero se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia en el Deporte en recuerdo de Justin Fashanu, el primer futbolista que declaró públicamente su homosexualidad en 1990.

En 2021 Laurel Hubbard, fue la primera deportista transgénero en unos Juegos Olímpicos aunque no logró medallas.

Martina Navratilova es una de las mejores tenistas de la historia y una de las muchas deportistas homosexuales que se han atrevido a confesarlo, es un símbolo de la lucha por los derechos de todos ellos. Nació en la antigua Checoslovaquia y esperó a conseguir la nacionalidad estadounidense para confesar que era lesbiana. En 1983 inició una relación con Judy Nelson que acabó en los juzgados por cuestiones económicas y actualmente está casada con la ex modelo rusa Julia Lemigova.

Askur Medina es colaborador de Unilever y psicólogo, además, también es sordo desde nacimiento. Él ha participado en páneles como Colmena 41, en donde habló sobre la inclusión en compañía de Gustavo Guevara. Para él, el trabajo principal de las comunidades sexualmente diversas con discapacidades es hacerse visibles y ayudar a sensibilizar al resto del colectivo.

Gema es una española pionera de la esgrima paralímpica. Ganó su primera medalla para España en los Juegos de Barcelona 92.

Igualmente fue portadora de la antorcha en Atenas 2004. En el 2016 se declaró bisexual y así se convirtio en la primera deportista paralímpica española en estar fuera del clóset. Además de ser atleta, Gema es presentadora de programas informativos como El mundo se mueve contigo.

Todos estos deportistas tienen una cosa en común y es que han tenido que sacar el valor para quitarle el mundo su homosexualidad, porque hoy en febrero de 2022 siguen teniendo problemas para poder presentarse a una competición, o peor aún, hay gente que en pleno siglo XXI sigue vulnerando sus derechos en plena competición.

Los dos últimos atletas que he nombrado, lo tienen más difícil todavía, porque además de que se han tenido que atrever a salir del armario tienen que compaginar eso con que padecen una discapacidad, dos cosas qué la sociedad hoy en día sigue sin aceptar demasiado bien.

Me parece muy triste qué a día de hoy se siga rechazando a la gente por pensar diferente, amar a personas de su mismo sexo, tener una discapacidad… Deberíamos de pararnos a pensar seriamente qué está pasando en esta sociedad y sobre todo quiénes estamos dejando a nuestros hijos para el día de mañana, porque las cosas que pasan hoy es lo que ellos van a ver cuando crezcan, así que creo qué es ahora de que todos nos pongamos un poquito las pilas y empecemos hacer de este nuestro mundo un mundo más inclusivo para todos.

Día internacional del Asperger 2022 18 de febrero de 2022

Algunas veces encuentros en la vida a personas que sin querer congeniar con ellas a la perfección, de esas con las que te gustaría pasar el resto de tu vida con ellas, pero que por inseguridades de la persona implicada y por falta de confianza de terceras personas los sentimientos mutuos no llegan a aflorar y a intentar llegar a ser algo más qué amigos. Hoy en el Día Internacional del Asperger no me puedo olvidar de aquella persona tan especial qué tengo en mi vida que a pesar de sus distintas capacidades está siempre ahí cuando más la necesito, en las buenas y en las malas. Se que los dos tenemos nuestros problemas, y que a veces somos un poco peligrosos saliendo juntos, pero por encima de todo eso está el amor que nos tenemos y el saber que si algo le pasa a cualquiera de los dos vamos a estar ahí, también sabemos qué podemos hablar de cualquier cosa que nos pase o nos preocupe, y que entre los dos vamos a buscar una solución. Muchas veces hemos tenido que escuchar que si no eres capaz de hacerte cargo de ti mismo cómo vas a hacerte cargo de otra persona, pero mil y una veces me has demostrado y me seguirás demostrando qué has podido y que podrás hacerte cargo de mí mejor que muchas otras personas que dicen no tener distintas capacidades. Hoy en tu día, el Día Internacional del Asperger no me importa decirte delante de todo el mundo que te quiero, qué gracias por estar siempre para mí, que no dudes nunca de ti porque todo lo que te propongas aunque tardes un poquito más que los demás lo vas a conseguir y yo estaré a tu lado como siempre para verlo aunque antes te haya echado mil y una broncas para intentar que fueses por el buen camino y nunca te rindieras, aunque yo no consiga llegar a mis metas. Solo me queda decirte que te quiero y que siempre que me necesites estaré aquí, aunque a veces, quizás demasiadas sea muy dura contigo.

No digas discapacidad di capacidad

Para mí enano. Mi superhéroe sin capa.

Hoy como cada año además de San Valentín se conmemora el día internacional de la epilepsia. Una enfermedad que sufren millones de personas en todo el mundo, pero que desgraciadamente a mí me toca de cerca ya que una de las personas que más quiero la padece.

Siempre había oído hablar de ella, y era consciente de qué era peligrosa, por qué si te tragabas la lengua o te la mordías podías tener un problema serio, una vez en el instituto vi como un chaval tuvo un ataque epiléptico y nadie se enteró, solo se enteraron cuando ya estaba inconsciente y cuando fueron a intentar que volviese en si ya estaba casi consciente.

Pero ahora es diferente, muy diferente diaria yo, porque siempre he sido consciente de que sufrirías esa maldita enfermedad, que según el leído hasta te puede dejar en parada y no sé cuántas cosas más, pero cuando realmente fui consciente de lo que realmente hay fue hace 3 o 4 años en uno de los últimos campamentos, cuando te pego aquel ataque epiléptico y fui yo la que avise a Chechu. Cuando te escuché hacer esos ruidos y temblar de esa forma pensé que te perdía para siempre, y aún hoy escribiendo estás líneas se me quiebra la voz recordándolo. No fue hasta horas más tarde cuando te pude ver en el pasillo tan solo un momento y comprobar por mí misma que estabas bien cuándo me quede tranquila. Y a día de hoy después de tantos años no puedo evitar cuando estoy más de x horas sin saber de ti acordarme de aquel día y pensar inconscientemente qué te puede haber pasado algo, sobre todo en los momentos en los que se que lo estás pasando peor qué sé qué son en los que tienes más riesgo de ataques. Así que es lo que a mí respecta feliz san Valentín porque es el día que se conmemora el Día Mundial de la Epilepsia. Te quiero muchísimo, David

Una misa atropellada

Jesus, un simpático anciano de 70 años, se levantó esa mañana pensando que sería un día normal, pero el destino le tenía preparada otra cosa completamente diferente.

Dicen que el día de la mala suerte es el martes trece, y no tampoco era martes trece, pero para él y su mujer el día vendría cargado de desgracias, porque como dicen las desgracias no vienen solas.

Se estaba preparando junto a su mujer Asunción para ir a escuchar misa a los Jerónimos como cada domingo.Como su mujer tardaba, Jesús decidió bajar al quiosco de su amigo Manolo a quién le llevaba comprando el periódico en la esquina de su calle durante años, a por la prensa del día y a por la revista de cotilleos correspondiente para su mujer.

—Chon, me voy a ver a Manolo mientras que tú terminas de arreglarte, pero date prisa o no llegaremos.

—Está bien, acuérdate de mí revista por favor. Y no te preocupes querido que en menos de lo que tú crees estaremos camino de misa.

—Eso espero. O si no me iré solo.

Asunción le miró con cara de pocos amigos pero no le hizo mucho caso y siguió a sus quehaceres matutinos. Cuando Jesús llegó al portal se encontró con Antonio, el portero, que estaba como cada mañana dejando reluciente el portal.

—Buenos días don Jesús, ¿ha descansado bien?¿ Cómo se presenta el día hoy?

—Buenos días Antonio, veo que ya está dejándonos el portal reluciente como todos los días. Por suerte si descanse bien, ahora voy al quiosco de Manolo mientras espero a la mujer, que se tira mil horas para arreglarse para ir a misa, no sé qué razón habrá.

—Ya sabes, mujeres.

—Ahora nos vemos

Antonio levantó la mano en señal de despido y siguió con su tarea. Jesús giró hacia su derecha calle abajo camino del kiosco canturreando alegre el himno de su pueblo Carrión de los Condes. De repente escucho un golpe fuerte metálico justo delante de dónde él estaba e inmediatamente a una mujer gritar:

—¡Cuidado!¡Cuidado!

Jesús se paró en seco, sin saber lo que pasaba, y cuando ya llevaba un rato mirando fue consciente de que le habían caído justo delante unas tijeras de costura con una punta super puntiaguda. Lo que no sabía muy bien es la procedencia de aquel objeto, pero cuando miro para arriba ya tuvo muy claro que eran de aquella señora que estaba asomada a la ventana con las manos en la cabeza que seguía gritando cómo una loca.

—¿Señora, cuidado de que tengo que tener? La que tiene que tener cuidado es usted de dónde dejan las tijeras, qué por poco me las clava en la cabeza.

—¿Sería usted tan amable de subirlas por favor? Así le explicó cómo se me han caído y entiende mejor qué ha sido un descuido.

—Pues mire llevo prisa, así que baje usted misma a por ellas y tenga cuidado no vaya a ser que en el camino se le galgo por la escalera y desgracia a otro pobre como yo. Que tenga un buen día.

Jesús continuó su camino y justo cuando le estaba dando los buenos días a Manolo e iba a pedirle el periódico y la revista apareció Asunción mirándole con cara de asombro.

—¿Pero qué haces aquí todavía, y sin pedir el periódico ni la revista?

—Es que he tenido un pequeño inconveniente, y por eso me ha hecho retrasarme. Te lo cuento de camino a la Iglesia.

La pareja pagó a Manolo y rápidamente se fue camino a la Iglesia. El recorrido hasta allí transcurrió sin ningún inconveniente, excepto que tuvieron que correr un poco debido a que de repente se puso a llover, por suerte Asunción se dio cuenta de que podía suceder eso y cogió un paraguas antes de salir. Se dispusieron a colocarse en la parte de arriba de la Iglesia para escuchar mejor, como lo hacían cada día, dejando su paraguas apoyado en la barandilla que tenían delante. En pocos minutos dio comienzo la misa, todo iba bien, pero mientras entonaban Eucaristía Milagro de Amor, nadie imaginaba que unos pocos feligreses recibirán una hostia pero no consagrada antes de tiempo,y es qué un tremendo golpe sonó desde dónde estaban Asunción y Jesús. El motivo no era otro qué su paraguas se había resbalado desde la barandilla en la que lo habían colgado, y cayó a plomo hasta la planta de abajo, causando el terror de los feligreses que escuchaba la misa allí.

Jesús y Asunción, más asustados que otra cosa, sin saber que hacer, pensando que podían haber matado a alguien, no se les ocurrió otra cosa que salir corriendo, menos mal qué afortunadamente a pesar de su edad aún estaban ágiles y en menos de lo que canta un gallo lograron llegar a su casa, eso sí con el susto metido en el cuerpo y que todo quedase como una anécdota qué poder contar el día de mañana a sus hijos y sus nietos. Eso sí, esperemos que a los feligreses a los que le cayó el paraguas no les pasase nada porque sino creo que esto no se habrá quedado en una buena anécdota para contar a sus hijos y sus nietos.

Dedicado a mis abuelos Jesús y Asunción.

Maldita «C»

Desde hace un tiempo a esta parte, parece que soy más consciente de lo que pasa a mi alrededor. Y la verdad es que estoy empezando a odiar la letra «c».

Y os preguntaréis por qué, pues bien, no hay otro motivo que tengo la sensación que desde hace un tiempo me está empezando a faltar mucha gente, o cae enferma. Y de ahí el título, por qué todo el mundo del que os hablo se pone enfermo de cosas que empiezan por la letra «C» de cáncer o coronavirus.

En los últimos dos años el coronavirus me ha hecho ver como personas de mi entorno se han puesto muy malitas incluso han estado apunto de fallecer. Yo por suerte de momento me voy librando del bicho, pero en cualquier momento me puede atacar, y como paciente con patologías previas no se sabe cómo me puede afectar. De ahí mi miedo desde que empezó todo hace dos años.

Pero también está el otro bicho, el maldito cáncer, que cada vez afecta a más y más personas de mi alrededor. Y muchas de ellas ni siquiera han conseguido superarlo. Me duele en el alma cada vez qué escucho esta palabra, y que en pleno siglo XXI aún no se haya encontrado una cura para esta enfermedad y todo porque no se invierte en una sanidad pública de calidad.

En los últimos tres años más o menos, he tenido que ver cómo se han ido padres de amigos, incluso amigos míos, con los que he compartido muchas, quizá demasiadas cosas, también he tenido que ver cómo a amigos míos les atacaba el bicho, y se tenían que someter a duros tratamientos de quimioterapia y radioterapia, que en muchos casos les han dejado secuelas de por vida, aunque por suerte han conseguido superar la enfermedad.

Quizá lo más duro es tener que ver a gente de tu propia familia superando cáncer tras cáncer, pero siempre que escucho esa palabra, o quimioterapia o radioterapia me pregunto si esta vez será la última para siempre, porque cada vez este sistema de salud funciona peor, y da igual que estés tirado en una cama con escaras esperando a que te llamen de una operación para quitarte unas piedras y después operarte de las escaras o lo que es peor que tengas un cáncer y te tengan que hacer un seguimiento de unos análisis, el sistema está colapsado por el Covid y la atención primaria ya casi ni existe.

Si esto no se arregla lo antes posible va a causar muchos problemas a la larga, en enfermos crónicos y en enfermedades que están apareciendo ahora que no son Covid y están tardando demasiado en tratarse o incluso no se están tratando.

Ojalá se empiece a invertir un poquito más en investigación y la «C» deje de ser mi letra más odiada del abecedario.

Siempre hay gente peor que tú, y a pesar de todo está ahí para ti .

Hoy quiero dejar por aquí una reflexión, y es la siguiente:

Puede que en la vida tengamos situaciones difíciles, pero hay que pensar que siempre hay alguien que lo está pasando mucho peor que tú, y que a pesar de todo, cuando tú necesitas ayuda no dudan en venir a echarte una mano, cosa que ni tu propia familia hace.

Esa es la gente que me gusta y necesito tener en mi vida, la que sufre en silencio pero que a pesar de todo está para los demás.

Aún me queda mucho por aprender.

Mi abuelo Jesús y su 103 cumpleaños

En dos mil doce, una de las personas que más quería cayó enfermo, él era mi abuelo Jesús, una de las personas más buenas que recuerdo en este mundo, el podía no estar de acuerdo con lo que tú sentías o pensabas, pero nunca le he escuchado una mala palabra sobre nadie, tampoco le he visto mirar mal a nadie.

Tenía Parkinson, con muchos temblores que no le dejaban hacer prácticamente nada, ni andar, ni hablar…

Le pusieron un tratamiento que iba a ser muy beneficioso para él, porque paliaría los efectos de la enfermedad, pero no fue así. Tuvo unos efectos secundarios súper fuertes.

Estuvo mucho tiempo encamado y hospitalizado, porque perdió la facultad de andar y la cabeza, así que rara vez me reconocía, porque siempre decía que era su sobrina.

Al final y como era muy cabezón, con mucha rehabilitación y su esfuerzo volvió a caminar, no grandes paseos pero sí paseítos cortos.

El único problema es que había que tener mucho cuidado no sabía lo que hacía, su único afán era levantarse a pasear y como no tenía estabilidad pués se podía caer.

Para que no se aburriera demasiado en casa y así también pudiese descansar mi abuela de cuidarle todo el día, cogimos a un chico que iba a levantarle, asearle y después le llevaba a dar un paseo.

Todos los días, a las once en punto, estaba con mi abuelo para salir y ver que estaba bien.

Sé que ni siquiera me reconocía muchas veces, pero yo sí sabía quién era él, que era lo más importante.

Cuando hacía bueno íbamos al retiro, donde él había pasado cada mañana de su vida desde que se jubiló hasta que cayó enfermo, con mi tío Pedro.

Al llevarle a otro sitio porque hacía más frío o estuviese lloviendo, ahí venía el problema porque se desorientaba y empezaba a gritar como un loco que a donde le estábamos llevando, que por ahí no estaba su casa.

Muchas veces me empezaba a preguntar a mi que si sabía ir a su casa y le decía que claro, y aunque yo tuviese pensado irme directamente al autobús, me iba directa hasta su casa para que no se pusiera muy nervioso.

Una de las veces que se cayó se rompió la cadera, y nadie de la familia pensábamos que fuese a volver a caminar, ni siquiera los médicos. Pero una vez más nos volvió a sorprender a todos y echó a andar, aunque esta vez con mucha más dificultad.

La última vez que mi abuelo estuvo ingresado, creo recordar que por problemas respiratorios, no recuerdo el tiempo, ahí sí que no me separé de él ni un segundo, porque esta vez algo en mi interior me decía que esta era la definitiva, que mi abuelo de ahí no salía.

Y qué razón tenía, tal como un venticinco de abril de dos mil doce pareció como que empezaba a mejorar y el día ventiseis se puso muy malito, sobre todo por la tarde y nos dijeron que de ahí en adelante sería lo que él quisiera, que se había acabado todo.

Ese día me despedí de él con un ¡Hasta mañana abuelo! Pero sabía que ya no le vería más, y así fué la madrugada del ventiseis al ventisiete de abril, cuando ya era ventisiete, mi abuelo por fin pudo descansar en paz.

Mi abuelo nació un siete de enero de mil novecientos diecinueve así que hoy haría ciento tres años.

Desde que se fué no ha habido ni un solo día que no le eche en falta, y sé que desde donde esté siempre me está cuidando, y siempre será ¡MI ABUELO JESÚS!

Empieza 2022

El año para mí, empieza como acabó el anterior, en la cama, por culpa de unas escaras que han conseguido pararme la vida durante un tiempo, si hago balance del año anterior puedo decir que no se ha portado nada bien conmigo, por qué he terminado varias veces en el hospital por culpa de las infecciones de orina, y cada vez eran peores.

He soportado dolores inimaginables por culpa de las escaras, y me los he tenido que tragar por miedo a ir a urgencias o al centro de salud y contagiarme de Covid. Todo esto ha hecho que cada vez pudiese salir menos a la calle por los dolores, pero no por estos en si, sino por las barreras que hay para moverse con la silla de ruedas, por ejemplo aceras levantadas, rebajes mal hechos etcétera.

Es triste que al final tengas que dejar de salir a la calle por qué no puedes soportar los dolores al pisar con tu silla de ruedas un desperfecto de la calle, e incluso para ir a la biblioteca que está a dos calles de tu casa tengas que llamar a un taxi.

Para este 2022, solo le pido una cosa en cuanto a la salud y es poderme levantar pronto de esta cama.

Y quién me conoce bien, sabe que yo nunca le deseo ningún mal a nadie, y menos que soy incapaz de hacer daño a nadie, al menos conscientemente.

Así que si alguna vez llegais a leer esto, con la mano en el corazón, a una la puedo decir, que ha sido el año y pico más largo de mi vida sin saber de ti. Que sé que todos tenemos problemas en esta vida, y uno de los míos es que soy un desastre, pero también te digo que cada día intento superarme y ser mejor, así que si algún día me necesitas, ya sabes dónde estoy.

Y a ti pequeña que gracias por ese 2021 de infarto, que ojalá se volviese a repetir. Que te echo de menos. Y que te quiero, si te quiero muchísimo pero como amiga, te lo juro.

Y para terminar no me puedo olvidar de mí enano, siempre ahí para una charla improvisada, unas risas… Lo que marque el momento

Y los fundamentales, mis padres y Carmen, ellos tres son mi pilar fundamental, sin su ayuda mi calidad de vida sería mucho peor.

Feliz 2022 a todos